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EL TESORO DE PISCO: LA VERDADERA ISLA DEL TESORO

Pisco es una población costera del Perú. Allí, hace más de un siglo, durante la Guerra del Pacífico que enfrentó a Bolivia, Chile y Perú entre 1879 y 1883, cuatro mercenarios: un español, un inglés, un norteamericano y un irlandés, aprovechando la confusión creada por el conflicto, convencieron al párroco de una iglesia de la localidad para que pusiera a salvo las riquezas del templo, trasladándolas a Lima o Cuzco, ciudades más seguras que Pisco. Embarcaron unas 14 toneladas de oro y joyas. Una vez en alta mar, los mercenarios asesinaron al fraile y a la tripulación del barco, apropiándose del tesoro. Luego, tomaron rumbo a la islas del Pacífico. Cuando llegaron a las Tuamotu, un archipiélago de atolones coralinos, enterraron la mayor parte del tesoro junto a la laguna de uno de los atolones, dirigiéndose después a Australia con el resto.          

      Gastando el dinero a manos llenas, pronto acabaron con su fortuna. Decidieron, entonces, dirigirse al norte donde había una mina de oro. Allí pensaban reunir el dinero suficiente para adquirir un barco con el que ir en busca del resto de su tesoro; pero el español y el inglés resultaron muertos por los aborígenes, y el norteamericano y el irlandés acabaron con sus huesos en la cárcel a causa de una riña en la que resultó un hombre muerto. Cuando terminó la pena de veinte años a la que habían sido condenados, sólo el irlandés se mantenía con vida. Viejo y enfermo falleció al poco tiempo, pero antes de morir había transmitido el secreto del tesoro a un tal Charles Howe, un cazafortunas que, tras verificar la historia, organizó en 1913 una expedición a las Tuamotu en busca del tesoro. Después de varios años de infructuosa búsqueda cayó en la cuenta de que se había equivocado de isla. Por fin, cerca del atolón de Raraka, localizó el tesoro. Extrajo una parte de él y volvió a enterrar el resto con la intención de volver en su busca más adelante, de manera mas discreta. En 1.932 Charles Howe, poco antes de emprender la expedición que le iba a convertir en un hombre rico, desapareció en la selva. Nada más se supo de él.

      Dos años después, otro aventurero que había conseguido apropiarse de los apuntes de Howe, incluido un plano que permitía localizar el tesoro, preparó otra expedición al atolón. Su nombre era George Hamilton y era un experto buceador. Ya en la isla, comenzó las perforaciones en la laguna, en el lugar en donde dedujo estaría el tesoro, pero conforme ahondaba en el fondo de la laguna, las corrientes del lago volvían a cubrir de arena el foso. Las condiciones de trabajo se hicieron muy difíciles. Hamilton fue atacado por un pulpo gigante. Al fin, Hamilton abandono la búsqueda. 

      En 1.994 el recuerdo del tesoro seguía vivo. Un descendiente de Hamilton examinó la vieja documentación y dispuso una nueva visita a la isla del tesoro, que también fracasó. La expedición se vio envuelta en una terrible tormenta de la que salieron con vida de milagro. No ha sido el último intento. Una popular productora de documentales dispuso el patrocinio de una nueva expedición a la isla. La expedición fue suspendida antes de partir. El tesoro sigue bajo las arenas de un perdido atolón polinesio. Quizá su destino no sea acabar en las manos de un aventurero. Puede que quede enterrado para siempre. Es posible que lo encuentre alguien que lo embarque de vuelta a Pisco. ¿Quién sabe? ¿Querría descubrirlo usted?

Safe Creative #0908094221151
25.6.07 20:24
 




A día 1 Comentario(s)     URL del enlace de referencia


gricele (26.7.11 20:29)
En esta curiosa historia hay algunos detalles que no alcanzo a comprender.
¿Por qué los cuatro mercenarios enterraron una buena parte del tesoro y tan solo llevaron consigo una porción menor si se iban tan lejos?
A buen seguro que no habrían tenido problemas de espacio ni de carga en el barco que les condujo a Australia.
¿No era muy arriesgado dejar tanta riqueza enterrada sin saber si iban a poder volver?
¿Pudo ser una patraña fruto de la fantasía lo que el irlandés le reveló a Carles Howe?
¿No es extraño que nadie haya encontrado ni rastro de tanto botín?
Ya me gustaría a mí descubrir todo este embrollo y aún mas, el tesoro. Pero mi médico me ha recomendado una vida tranquila y sin sobresaltos. Eso sí, puedo leer toda clase de relatos de aventuras.
Un abrazo

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