SOBRE LOS ANIMALES, ACTORES INVOLUNTARIOS DE LA HISTORIA
Famosos por haberlo sido sus dueños, han ganado un puesto en las enciclopedias. Unos vivieron apaciblemente, sin intervenir en suceso alguno, pero se les recuerda por lo que sus amos fueron. Otros intervinieron activamente junto a sus dueños en hechos relevantes.
Lucifer y sus compañeros no hicieron nada notable salvo pertenecer al personaje al que sirvieron de compañía. Lucifer fue uno de los gatos negros, de cara redonda y ojos brillantes, que mantenía en su regazo, acariciándole el lomo Jean Armand du Plessis, Cardenal de Richelieu. El cardenal valido de Luis XIII, rival feroz del Conde-Duque de Olivares, también valido de otro rey, Felipe IV, era muy aficionado a los gatos. Tuvo varios. A siete de ellos, oscuros de pelaje, les puso por nombre Lucifer. El Cardenal, a su muerte, trató de asegurar la subsistencia de sus animales dejando una asignación para su sustento. De poco les sirvió el legado de su amo. Algunos mosqueteros, resentidos con el Cardenal, los mataron y los entregaron en un restaurante en el que acabaron siendo cocinados, como si de conejos se tratara, a la biguelotte. Otra bestia que no hizo nada reseñable, salvo llevar a horcajadas a su dueño, fue Adín. Este era el nombre del camello sobre cuya joroba iba aupado Napoleón Bonaparte en la campaña de Egipto. El general se encariño tanto de él que se lo llevó a Francia, llevando una tranquila existencia en el zoológico de París hasta su muerte. Ha habido algunos animales que, aunque no participaron en ningún hecho relevante de la historia, les cupo el honor de haber sido objeto de la atención de los más geniales pintores: León, el jefe de la jauría de mastines del Rey Felipe IV posó a los pies del enano Nicolasito Pertusato en Las Meninas de Velásquez; Guzmanillo, el caballo del Conde-Duque de Olivares también fue pintado por Velázquez. Cuando don Diego lo pintó, con su dueño a la grupa, ya tenía sus años. Estaba gordo y grasoso, como su jinete.    Hubo algunos que, sin intervenir en hechos importantes, pasaron a la historia por compartir el destino de quienes les mantuvieron. Blondi era una perra de pastor alsaciano. Murió envenenada con una cápsula de cianuro administrada por el doctor Haase la víspera del día en el que Hitler se suicidó en Berlín, descerrajándose un tiro en la sien en el bunquer de la Cancillería. Y por fin unos pocos han sido protagonistas ellos mismos de algún episodio de la Historia, al colaborar con sus dueños en los hechos. Se sabe que Lupo fue uno de los caballos del Gran Capitán. En plena campaña italiana, en Sessa, Lupo realizó un movimiento brusco e hizo caer al suelo a su jinete. Don Gonzalo, hincada la rodilla en tierra, dijo: “Ya que la tierra me abraza, es que mía quiere ser”. Otro cuadrúpedo que estuvo a punto de hacer Historia fue Incitato, el caballo del emperador romano Calígula. Poco faltó para que se cumplieran los deseos del césar, cuando ya demente, endiosado, trató de obligar a los senadores a que le besasen los pies y que, Incitato hiciera lo propio, pues pretendió convertirlo en Senador.
Atalún fue otro de los caballos que han pasado a la Historia por su participación en sucesos importantes: En 1.913 desfilaba el rey Alfonso XIII a la cabeza de su Estado Mayor, por el Paseo de la Castellana de Madrid a lomos de su caballo. De pronto un individuo se acercó pistola en mano. El rey hizo girar a la bestia, que se avalanzó sobre el agresor. El disparo rozó al equino y se perdió por encima de sus cabezas. El rey, después de comprobar que las heridas de Atalún carecían de importancia, continuó su marcha. El magnicida era un carpintero de nombre Rafael Sancho Alegre. Se declaró anarquista, aunque la policía acabó convencida de que más bien se trataba de un perturbado. Un tribunal le condenó a la pena de muerte, pero antes de los dos meses el rey le había concedido el indulto. Ya mucho más recientemente, debemos recordar a la perrita Laika. Fue la primera astronauta de la Historia. Inició un viaje que debía durar más de 160 días. Solo logró sobrevivir siete. Probablemente fue la falta de oxígeno la causa de su muerte. De su sacrificio procede su inmortal fama. Estos animales, otros muchos también famosos, y muchos más desconocidos y anónimos han destacado por sus acciones. Hoy millones de animales sirven de mascotas a los humanos, como Tibi, el tiburón de cola roja que hace las delicias de mis sobrinas. Tibi no cambiará el rumbo de la Historia, pero sí forma parte de la historia de dos niñas que lo alimentan y cuidan día a día, aprendiendo así a querer a los animales, que los habitantes de las grandes ciudades, a veces, olvidamos que existen.
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